Los efectos del confinamiento en el ciclo menstrual

No es ningún misterio que el ciclo menstrual está regulado por las hormonas. Gracias a la interacción compleja entre la hormona luteinizante, la hormona foliculoestimulante y las hormonas sexuales femeninas (los estrógenos y la progesterona) las mujeres en edad fértil ovulamos cada mes y, cuando no se produce la fecundación del óvulo, menstruamos.

Aunque esté muy extendida la idea de que el ciclo menstrual es de 28 días, en realidad puede durar entre 21 y 35. Los pequeños desajustes son normales a lo largo de la vida, especialmente en las chicas más jóvenes o las mujeres que se acercan a la perimenopausia o la menopausia.

Ahora bien, muchas mujeres han experimentado estos días, durante el confinamiento, más retrasos y desarreglos de lo habitual. Han sido días de miedo, ansiedad e incertidumbre; hemos estado sometidas a mucho estrés, que tiene consecuencias directas sobre el período, porque desencadena cambios hormonales.

Muchas mujeres han sufrido también otros problemas, como la falta de exposición solar (con el consiguiente déficit de vitamina D), la pérdida de rutinas, los cambios en las pautas de alimentación y de sueño, la reducción de la actividad física, el shock emocional por la pérdida de alguien cercano… todos estos factores pueden alterar los biorritmos y, por tanto, provocar alteraciones en la menstruación.

Puede haber, por ejemplo, cambios en la duración del ciclo menstrual. Por lo general se trata de pequeñas irregularidades, pero en ocasiones aparece la polimenorrea (ciclos de menos de 21 días), la oligomenorrea (ciclos de más de 35 días) o incluso la amenorrea (ausencia de la menstruación). Las alteraciones también pueden estar relacionadas con el flujo menstrual: algunas mujeres han tenido reglas más abundantes (menorragia) o menos abundantes (hipomenorrea).

Por último, también puede producirse una intensificación de los síntomas relacionados con el síndrome premenstrual. 

La mayoría de los cambios no son graves; solo es preciso consultar con un especialista si persisten en el tiempo o si cursan con dolor intenso. En cualquier caso, si notamos que tenemos unas reglas más o menos frecuentes de lo habitual, más o menos abundantes y con un síndrome premenstrual más marcado, debemos saber que es la forma que tiene el cuerpo de decirnos que alguna cosa no funciona bien y que tenemos que tomar cartas en el asunto. 

¿Qué podemos hacer para normalizar la situación? 

Es casi imposible no sentir cierta angustia en un momento como el actual, sumidas como estamos en una crisis sanitaria y económica. Todas las situaciones son delicadas: muchas mujeres que viven solas se sienten más necesitadas de un abrazo que nunca; quienes viven en pareja tal vez noten tensiones o fricciones con su compañero o compañera; para las que tienen hijos, la conciliación entre la vida personal y laboral es harto difícil ahora que las escuelas están cerradas…

Trabajar desde casa requiere adaptaciones y pone a prueba nuestra capacidad de concentración, los riesgos de trabajar fuera de casa nos preocupan, pero la inquietud que sentimos ante pérdida o el descenso del trabajo es aún peor… en un momento como el actual, quien más quien menos siente que la incertidumbre pesa como una losa y que son varios los quebraderos de cabeza que se suman al desasosiego natural inherente a la pandemia. Nuestra única baza contra el estrés es cuidarnos.

Y eso implica un cuidado físico, por supuesto. Es fundamental marcarnos unas rutinas e intentar respetarlas, sobre todo en lo que concierne al sueño y la alimentación. La dieta equilibrada y el descanso constituyen grandes pilares de la salud, junto con la actividad física, cuyos beneficios conocemos perfectamente.

Ahora que ha empezado el proceso de desescalada y desconfinamiento, por fin podemos practicar ejercicio al aire libre, aunque sea en unas franjas horarias definidas y manteniendo las medidas de seguridad. Todas sabemos que tener unos hábitos sanos es esencial para sentirnos bien, pero a veces, justamente porque no nos sentimos bien, comemos mal, dormimos peor y descuidamos la actividad física. 

Debemos romper el círculo vicioso que nos conduce a la ansiedad, el estrés y el miedo. Tratarnos bien. Cumplir con las obligaciones y marcarnos objetivos, pero concedernos un espacio para relajarnos, mimarnos y hacer cosas que nos gusten. Evitar las fuentes de negatividad: mantenernos informadas es imprescindible, pero el bombardeo de noticias catastrofistas puede ser realmente demoledor para la salud mental.

Permitirnos momentos de desconcierto, de inactividad, de no hacer nada. Y luego levantarnos y ponernos en marcha. No obsesionarnos con la productividad, pero tampoco dejarnos llevar por la apatía y la desidia. Mantenernos en contacto con las personas que más queremos y no dejar que el distanciamiento sea social, sino solo físico. Pedir ayuda en caso necesario y aceptarla si la recibimos. Si las circunstancias nos lo permiten, ayudar a las personas que estén en una situación peor a la nuestra: socorrer a los demás también es una fuente de bienestar; somos seres sociales y gregarios por naturaleza.

En definitiva, debemos cuidar nuestro bienestar emocional, porque de esa forma nos resultará muchísimo más fácil cuidarnos físicamente.

En cuanto a la menstruación, es primordial detectar cualquier cambio, hacer un seguimiento de lo que nos pasa y prestar atención a nuestros ciclos y biorritmos. También podemos aprovechar todo este tiempo en casa para experimentar con alternativas a los tampones y compresas: esponjas, copas menstruales, compresas de ropa, braguitas absorbentes… todo lo que siempre hemos querido probar sin encontrar el momento. 

Lamentablemente, estamos ante una pandemia que no desaparecerá de un día para otro: el camino que deberemos recorrer antes de recuperar la normalidad será largo y complicado. Con un poco de suerte, pese a las dificultades, lograremos ser un poco más capaces de separar lo importante de lo accesorio, de identificar lo que más echamos de menos y, por tanto, lo que más debemos valorar a partir de ahora.

Entre tanto, estos días de aislamiento forzoso pueden servirnos para conectarnos un poco más con nosotras mismas, escuchar lo que nos pide el cuerpo… y dárselo.

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