Disfunciones olfativas en la perimenopausia y menopausia

Menopausia | | Brenda B. Lennox

Durante la transición a la menopausia, las mujeres enfrentan diversos cambios físicos. Los sofocos, la sequedad vaginal y la debilidad del suelo pélvico son síntomas muy comunes. También suelen aparecer dificultades para dormir, cambios de humor, ansiedad y una notable niebla mental.

Sin embargo, existe una alteración menos conocida que impacta profundamente el bienestar emocional: los trastornos del olfato. Estos cambios se manifiestan como hiposmia, hiperosmia o parosmia y alteran la forma en que percibimos el mundo.

El papel de las hormonas en el olfato

La menopausia marca el fin de la ovulación debido a una caída drástica de los estrógenos. Estas hormonas no solo protegen el corazón y los huesos, sino que también cuidan el sistema encargado de procesar los olores.

Los estrógenos mantienen la salud del epitelio olfativo, que es el tejido en la nariz que detecta las partículas aromáticas. Además, favorecen la regeneración de las neuronas en el bulbo olfativo, la estructura cerebral que interpreta las señales nasales.

Cuando los niveles de estrógenos descienden, estas áreas pierden capacidad de recuperación. Esto provoca que las células sensoriales no funcionen correctamente. Asimismo, la falta de hormonas reduce la hidratación de las mucosas nasales. Esta sequedad genera una sensación de congestión constante, irritación y una mayor sensibilidad en las fosas nasales.

Otras causas y tipos de disfunciones

Además de los cambios hormonales característicos de la perimenopausia y menopausia, los siguientes factores también pueden causar o agravar trastornos olfativos:

  • Medicación: Terapias hormonales, antihipertensivos y antidepresivos. 
  • Enfermedades: Diabetes, sinusitis, rinitis alérgica.
  • Fumar: El tabaco afecta a los nervios olfativos, tanto a corto como largo plazo: a corto, reduce a la mitad el sentido del olfato y a largo, daña permanentemente los receptores del sistema olfativo.
  • Factores psicológicos: Trastornos emocionales y psicológicos, como ansiedad, estrés o cambios de humor, pueden influir en el procesamiento sensorial y por ello en la percepción de los olores.

Estas alteraciones se dividen principalmente en tres categorías. La hiposmia consiste en una reducción de la sensibilidad, haciendo que los olores cotidianos se sientan débiles. La parosmia distorsiona los aromas, convirtiendo olores agradables en algo nauseabundo o irreconocible. Por último, la hiperosmia provoca una sensibilidad extrema donde cualquier perfume o producto de limpieza resulta abrumador.

La importancia del olfato y sus consecuencias

El olfato es fundamental para nuestra supervivencia porque nos alerta de peligros como el humo o comida en mal estado. Además, este sentido está unido íntimamente al gusto y a la memoria. El ser humano recuerda una gran parte de lo que huele, vinculando aromas con experiencias pasadas. Cuando el olfato falla, la seguridad personal corre riesgo y la alimentación se descuida. Muchas mujeres pierden el apetito o abusan de la sal para compensar la falta de sabor.

A nivel emocional, los cambios olfativos pueden dañar las relaciones personales. El aroma de un ser querido o del propio hogar puede volverse extraño, lo que genera una sensación de inseguridad y tristeza. Esto suele derivar en aislamiento social, pérdida de libido y cuadros depresivos. Es vital comprender que el olfato nos conecta con nuestra identidad y nuestro entorno más cercano.

Prevención y cuidados diarios

Aunque algunas alteraciones del olfato durante la perimenopausia y la menopausia pueden ser transitorias, a veces son duraderas, por lo que los especialistas aconsejan estos hábitos para prevenir y aliviar sus síntomas:

  • Hidratación de la mucosa: Utiliza enjuagues nasales con solución salina y productos hidratantes de la mucosa nasal, para aliviar la sequedad.
  • Alimentación equilibrada: Aumenta el consumo de alimentos ricos en antioxidantes, ácidos grasos Omega-3 y vitaminas A, C y E. También es necesario que te mantengas hidratada (bebiendo, al menos, dos litros de agua al día), porque puede ayudarte a proteger las células olfativas.
  • Ejercicio regular: Haz ejercicio moderado diariamente: estimula la circulación sanguínea y contribuye a mantener la función neurosensorial.
  • Ambiente saludable: Evita los espacios con polvo, humo y polución. En casa, usa humidificadores: un ambiente con humedad adecuada mejora la sensibilidad olfativa y puede prevenir la sequedad nasal.
  • Deja de fumar: El tabaco te asfixia. El tabaco te envenena lentamente. El tabaco mata. No permitas que te venza. Deja de fumar.
  • Terapia hormonal: Aunque este tipo de terapia puede regular los niveles hormonales, no es una opción recomendable, ya que son más sus efectos secundarios (retención de líquidos, cefaleas, problemas de coagulación, entre otros), que sus beneficios.

Busca ayuda. Habla con tus seres queridos sobre lo que experimentas, con asertividad, para que te entiendan, conforten y aporten soluciones que os ayuden a vivir esta nueva etapa. Si la situación te supera, no dudes en recurrir a expertos en salud ayuda psicológica.

En resumen, la menopausia puede causar cambios temporales o permanentes en tu olfato. Si estos síntomas son graves, persistentes o se acompañan de dolor y pérdida de memoria, consulta a tu médico. Es fundamental una revisión para descartar infecciones, alergias o enfermedades neurológicas como el Parkinson y recibir el tratamiento correcto.

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