¿Aumentan los anticonceptivos hormonales el riesgo de cáncer? Una explicación clara 

Salud femenina | | Brenda B. Lennox

En 2025, este mensaje se viralizó en redes sociales como X y TikTok: «Año 2025 y la OMS recién acaba de oficializar que los anticonceptivos califican como cancerígeno grupo 1. Su uso aumenta el riesgo cancerígeno de mama, cuello uterino e hígado».

Sin embargo, autoridades sanitarias como la Sociedad Española de Contracepción y la Sociedad Española de Oncología Médica tacharon esta información de errónea y afirmaron que se trataba de un riesgo «pequeño y relativo». ¿Qué significa esto?

Relación de los métodos anticonceptivos con el cáncer de mama y el del cuello del útero

El estudio Long-acting, progestin-based contraceptives and risk of breast, gynecological, and other cancers, publicado en Journal of the National Cancer Institute (JNCI), origen de la controversia,

confirmaba estudios anteriores sobre que la píldora combinada o la píldora solo gestágeno aumentan el riesgo de cáncer de mama mientras se usan (entre un 20-30%), pero también introducía nuevos datos en relación con otros métodos anticonceptivos menos estudiados, en concreto, el DIU hormonal, el implante subdérmico y el inyectable de medroxiprogesterona.

Los datos no pueden ser más rotundos:

  • DIU hormonal (levonorgestrel): aumenta un 26 % el riesgo de cáncer de mama.
  • Implante de etonogestrel: 24 %. 
  • Inyección DMPA: 23% si se usa durante más de 5 años.

Por lo tanto, la conclusión central del estudio publicado en JNCI es que cualquier anticonceptivo hormonal de acción prolongada, ya sea combinado o solo gestágeno, aumenta el riesgo de cáncer de mama en torno al 20–30 % mientras se usa y durante un tiempo después de haberlo usado, y que este riesgo es similar entre todas las vías de administración (píldora, inyectable, implante o DIU hormonal).

Es decir, las usuarias actuales o recientes de anticonceptivos hormonales tienen una probabilidad más alta de que se les diagnostique un cáncer de mama, comparadas con mujeres que no los usan.

En cuanto al cáncer del cuello uterino, las mujeres que han usado anticonceptivos orales tienen un mayor riesgo de desarrollarlo que las que nunca los han utilizado, y ese riesgo aumenta con el tiempo de uso. Por lo tanto, cuanto más tiempo use una mujer anticonceptivos hormonales, mayor será su riesgo de cáncer de cuello uterino. En concreto: 10% en menos de 5 años de uso, un 60% en 5–9 años de uso y un 100% (el doble) con 10 o más años de uso. 

Disminución del riesgo tras dejar los métodos anticonceptivos hormonales

No obstante, este aumento de riesgo de cáncer de mama asociado a los anticonceptivos hormonales es transitorio. Es decir, aparece mientras se usan y se mantiene en los años inmediatamente posteriores, pero no a largo plazo. En el caso del implante de etonogestrel, el estudio del JNCI señala que el riesgo de cáncer «vuelve a la línea de base tras la cesación», un patrón idéntico al observado desde hace décadas con la píldora combinada. 

En concreto, el estudio Contemporary Hormonal Contraception and the Risk of Breast Cancer muestra que el exceso de riesgo desaparece aproximadamente entre 5 y 10 años después de dejar el método, dependiendo de la edad y del tiempo de uso. 

Este mismo patrón de reversibilidad también se observa en el cáncer de cuello uterino. Aunque el uso prolongado de anticonceptivos orales aumenta el riesgo de cáncer cervical (especialmente a partir de los 5 años de uso continuado), ese riesgo disminuye progresivamente tras dejar el método y acaba regresando al nivel basal con el tiempo. 

Significado de «aumenta ligeramente» y «riesgo relativo»

El mensaje viral de 2025 afirmaba que la OMS acababa de oficializar que los anticonceptivos calificaban como cancerígeno grupo 1. No era del todo cierto, pero no porque la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, no los clasifique así, sino porque esta decisión se tomó en 2008 y no en 2025. Es decir, en 2008 la OMS concluyó que existían evidencias suficientes para considerar que algunos métodos anticonceptivos hormonales pueden causar cáncer en determinadas circunstancias, lo que no significa que vayan a causarlo de forma inevitable en todas las mujeres que los usan. 

Por otro lado, los organismos oficiales intentaron tranquilizarnos con otras dos afirmaciones: aumenta «ligeramente» y riesgo «relativo». ¿A qué se refieren?

Aumenta ligeramente

Ese aumento del riesgo del 20–30 % se considera «ligero» o «pequeño». ¿Por qué? Porque el estudio clasifica por edades:

  • Entre 16 y 20 años, ese aumento del 30 % equivale a unos 8 casos extra por cada 100.000 mujeres.
  • Entre 25 y 29 años, 61 casos extra por cada 100.000 mujeres.
  • Entre 35 y 39 años, 265 casos extra por cada 100.000 mujeres.

Si solo se centran en las mujeres con edades comprendidas entre 16 y 21 años, esos 8 casos extra suponen un «aumento ligero». Pero no es porque el método anticonceptivo no aumente el riesgo, sino por la edad en sí, ya que el riesgo natural de cáncer de mama es bajo en esas edades y aumenta a partir de los 35–40 años.

Hablando en plata: los estudios afirman que el aumento de riesgo es «pequeño» porque se expresa en términos relativos y porque se mide en mujeres jóvenes, cuyo riesgo basal es muy bajo. Sin embargo, en mujeres mayores de 40 años, donde el riesgo basal es mayor, un incremento relativo del 20–30% supone un impacto mayor. 

Relativo

Cuando las autoridades sanitarias afirman que el riesgo es «relativo», se refieren a que el aumento del 20–30% no es un riesgo absoluto, en el sentido de que un 30% de usuarias de estos métodos contraerán estos dos tipos de cáncer irremediablemente, pues para que el cáncer se desarrolle influirán otros factores como la genética, el tabaquismo, la obesidad o la edad. 

No obstante, si las usuarias tienen un 30% más de riesgo, su probabilidad de contraer cáncer de mama o del cuello del útero es 1,3 veces mayor que la de las mujeres que no usan hormonas, por lo que parece «pequeño» Sin embargo, lo que importa para una mujer no es la proporción, sino cuántos casos reales implica. 

Y ahí entra el riesgo absoluto, que aumenta con la edad. Un 30% sobre un riesgo muy bajo (por ejemplo, en mujeres de 16–20 años) produce pocos casos adicionales. Pero un 30% sobre un riesgo ya elevado (como ocurre a partir de los 40) causa muchos más. 

Por eso hablar de «riesgo pequeño y relativo» puede minimizar la percepción del riesgo real, porque se calcula sobre mujeres jóvenes con riesgo basal muy bajo, no porque el método no aumente el riesgo.

Relación de los métodos anticonceptivos hormonales con otros tipos de cánceres

La Family Planning Association (FPA) y Cancer Research UK instaron a las mujeres a no alarmarse, enfatizando que los beneficios de la anticoncepción oral, que incluye la reducción del riesgo de cáncer de endometrio y de ovario, superan los riesgos. ¿A qué se refieren? A que el estudio publicado en el JNCI concluyó que tanto el uso de la píldora combinada, como el del DIU hormonal, el implante y el inyectable reducen el riesgo del cáncer de endometrio y el cáncer de ovario

En concreto, y tomando los datos de este estudio y de otros, como el prospectivo NIH-AARP Diet and Health Study

Cáncer de endometrio

  • Píldora combinada: reduce el riesgo al menos un 30%, con porcentajes que aumentan cuanto más tiempo se usa. Además, este efecto protector persiste durante décadas después de dejar de tomarla y es especialmente pronunciado en mujeres con factores de riesgo como obesidad, tabaquismo o sedentarismo.
  • DIU hormonal: reduce el riesgo alrededor de un 20% en usuarias actuales y hasta un 70% en mujeres que lo usaron en el pasado.
  • Implante de etonogestrel: reducción cercana al 80%.
  • Inyectable DMPA: reducción también cercana al 80%.

Cáncer de ovario

  • Píldora combinada: reduce el riesgo entre un 30% y un 50%, su protección aumenta cuanto más tiempo se usa, persiste hasta 30 años después de dejarla y el efecto protector es especialmente pronunciado en mujeres con mutaciones BRCA1 y BRCA2, que tienen un riesgo muy elevado.
  • DIU hormonal: reducción aproximada del 30%.
  • Implante: tendencia protectora similar.
  • Inyectable: también parece protector, según estudios previos citados en el JNCI.

Entonces, ¿realmente «compensan» estos beneficios? La respuesta es compleja. Los riesgos no se anulan entre sí: no existe un escudo que proteja un órgano mientras expone otro. Cada cáncer tiene causas, edades de aparición y consecuencias distintas. Que un método reduzca el riesgo de cáncer de ovario no elimina el aumento de riesgo de cáncer de mama, del mismo modo que tener menos probabilidades de un tipo de cáncer no sirve de consuelo si lo que te diagnostican es otro. 

Además, el cáncer de mama es mucho más frecuente que los otros dos citados, en concreto:

Entre 20 y 34 años

  • Cáncer de mama: muy raro (20–40 casos por 100.000 mujeres/año).
  • Cáncer de ovario: rarísimo (5–10 casos por 100.000).
  • Cáncer de endometrio: casi inexistente (menos de 5 por 100.000).
  • Cáncer de cuello uterino: más frecuente que los otros ginecológicos, pero aún bajo (10–15 por 100.000).

Entre 35 y 44 años

  • Mama: sube mucho (120–150 por 100.000).
  • Ovario: sigue bajo (15–20 por 100.000).
  • Endometrio: sigue bajo (10–15 por 100.000).
  • Cuello uterino: 20–25 por 100.000.

Es decir, el cáncer de mama es 5–10 veces más frecuente que los otros.

Entre 45 y 54 años

  • Mama: se dispara (250–300 por 100.000).
  • Ovario: sube un poco (25–30 por 100.000).
  • Endometrio: sube (40–50 por 100.000).
  • Cuello uterino: estable o bajando (20–30 por 100.000).

Es decir, el cáncer de mama es 6–10 veces más frecuente que el de ovario o el de cuello uterino, y 5–6 veces más que el de endometrio.

A partir de los 55–60 años

  • Mama: sigue siendo el más frecuente (350–400 por 100.000).
  • Endometrio: sube bastante (80–100 por 100.000).
  • Ovario: sube moderadamente (40–50 por 100.000).
  • Cuello uterino: baja mucho por cribado.

Por lo tanto, un aumento del 20–30% del riesgo relativo de cáncer de mama tiene un impacto mayor que una reducción del 50–80% en cánceres menos comunes, especialmente en las mujeres mayores de 40 años.

Por eso es esencial entender que la protección frente a otros cánceres no compensa el riesgo añadido de cáncer de mama; sobre todo, si consideramos que este riesgo es completamente evitable: si no se usan anticonceptivos hormonales, o si los hombres usan preservativo, el riesgo adicional es CERO. 

A esto se suman otros riesgos añadidos del uso de estos métodos anticonceptivos: aumento del riesgo de trombosis venosa, cambios en el estado de ánimo, migrañas, disminución de la libido, sequedad vaginal, sensibilidad o dolor en los pechos, náuseas, retención de líquidos, variaciones de peso y alteraciones en el patrón de sangrado, entre otros efectos, que pueden variar según el método y la sensibilidad individual de cada mujer.

Aunque no todas los sufren, es de vital importancia conocerlos para tomar decisiones informadas. Solo así podemos decidir qué riesgos queremos asumir y cuáles no, con datos claros y sin minimizar nada. 

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