Sobrepeso, obesidad, gordofobia y salud sexual de la mujer

Salud femenina | | Brenda B. Lennox

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el sobrepeso y la obesidad como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud y la considera un problema de etimología epidémica porque se ha triplicado en estos últimos años, afectando el sobrepeso al 40% de la población mundial y la obesidad al 12%.

Para determinar si una persona padece este problema de salud se utiliza el índice de masa corporal (IMC), un indicador simple de la relación entre el peso y la talla, que se calcula dividiendo el peso en kilos de una persona entre su talla en metros al cuadrado (kg/m2). Si el IMC en adultos es igual o superior a 25, padece sobrepeso, y si es igual o superior a 30, obesidad.

La acumulación excesiva de grasa afecta al organismo en todos sus sistemas y funciones, incrementando significativamente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, afecciones músculo-esqueléticas, diabetes tipo II, apnea del sueño, ictus y trastornos psicológicos como depresión y ansiedad, entre otras.

En cuanto a las disfunciones ginecológicas, el sobrepeso aumenta el riesgo de padecer afecciones como el síndrome del ovario poliquístico (SOP), anovulación, preclampsia, impotencia, esterilidad, partos problemáticos, abortos y cáncer en los órganos reproductivos.

Ciclo menstrual, fecundidad y embarazo

Existen diversos factores que influyen en el aumento de peso en mujeres: enfermedades (hipotiroidismo, síndrome de Cushing), la genética (antecedentes familiares y defectos en genes específicos), la raza (la obesidad tiene un alto grado de incidencia en los afrodescendientes y los hispanos), la edad (asociada a los cambios en el metabolismo), los efectos secundarios de algunos medicamentos (anticonceptivos hormonales y antidepresivos), el embarazo, la lactancia, la menopausia, estilos de vida (sedentarismo, tabaquismo) y una alimentación inadecuada.

Estos factores alteran el ciclo reproductivo provocando reglas irregulares, anovulación, tensión mamaria, síndrome del ovario poliquístico (SOP) y aumentando la posibilidad de padecer cáncer de mama, de útero y de ovario. La causa principal es el aumento del nivel de estrógenos, las principales hormonas femeninas, que cumplen funciones tan relevantes como regular el ciclo menstrual, contribuir al desarrollo de los caracteres sexuales secundarios y preparar el cuerpo para la posible fecundación.

Cualquier mujer con un IMC igual o superior a 25 kg/m2 tiene mayor probabilidad de sufrir problemas de esterilidad (dificultad para lograr el embarazo tras un año de relaciones sexuales sin preservativo) y de infertilidad (hay embarazo, pero el feto no es viable), debido a una baja actividad folicular y/o un empeoramiento de la calidad de los ovocitos, aunque el riesgo es más alto en las mujeres con obesidad (IMC igual o superior a 30).

La anovulación o ausencia de ovulación, es decir, la no producción de óvulos aunque se esté menstruando, es la causa más frecuente de esterilidad en las mujeres con sobrepeso, ya que, obviamente, sin óvulo no puede haber fecundación. Además, debido a su condición metabólica, aunque haya ovulación, las probabilidades de que se produzca la fecundación se reducen drásticamente (hasta un 50%). Esto ocurre tanto en la concepción natural como en la fertilización in vitro/inyección intracitoplasmática de espermatozoides (FIV / ICSI).

También se reducen drásticamente las probabilidades de un embarazo y parto sanos, pues las mujeres con obesidad son propensas a diabetes gestacional, abortos recurrentes (incluyendo los espontáneos y la muerte fetal intrauterina), complicaciones durante el parto (cesáreas), pre-eclampsia (hipertensión en el embarazo), eclampsia (convulsiones o coma durante el embarazo después de la vigésima semana de gestación, el parto o en las primeras horas del puerperio o post-parto) y gestar bebés con problemas de salud (espina bífida, hidrocefalia, cardiopatías, labio leporino y reducción de miembros).

Vida sexual

Las alteraciones de salud vinculadas a la obesidad, entre las que pueden estar la diabetes o la hipertensión, disminuyen el flujo sanguíneo a todos los órganos del cuerpo, incluyendo los genitales, provocando una disminución de la erección del clítoris y de su sensibilidad a los estímulos que dificultan el orgasmo.

A esto se suma la alteración de los niveles de estrógenos que influyen en nuestra libido y en nuestro comportamiento emocional. Como hemos visto, el exceso de peso aumenta sus niveles normales, provocando la disminución del deseo sexual y el aumento de los cambios de humor y estados ansiosos y depresivos.

Cuando el sobrepeso lleva aparejado el sedentarismo, la intensidad y variedad de las relaciones sexuales se ve afectada, pues se limitan las prácticas por una mera cuestión de fondo físico entendido como flexibilidad, movilidad y resistencia, pudiendo caer en lo rutinario. A su vez, el sedentarismo agrava el problema, ya que a menor actividad física, menor predisposición a realizarla.

Es importante recalcar que hablo del sedentarismo, un hábito que afecta a personas con y sin sobrepeso, pero que suele estar más relacionado con estas últimas debido a los problemas de salud que provoca. Para combatirlo es vital practicar ejercicio moderado de manera regular pues, a nivel físico, mejora nuestra forma y resistencia, aumenta el tono y la fuerza muscular, regula la presión arterial, incrementa y mantiene la densidad ósea, mejora la flexibilidad y movilidad de las articulaciones, elimina la grasa y sustancias tóxicas que envenenan nuestro organismo, mejora la resistencia a la insulina, mantiene sano nuestro sistema circulatorio y aumenta la oxigenación de las células; y a nivel psicológico, reduce la sensación de fatiga, aumenta la autoestima, rebaja la tensión, la ansiedad, el estrés y la depresión, aumenta la concentración, la memoria, la agilidad mental y el buen estado del cerebro en general.

El peso de la gordofobia y el canon de delgadez

Vivimos en una sociedad que adolece de gordofobia, un tipo de discriminación caracterizada por el rechazo, el desprecio y la infravaloración de las personas con sobrepeso (o a las que se perciben subjetivamente como gordas según los cánones estéticos sociales y personales) por considerar que son débiles y carecen de autoestima y fuerza de voluntad para hacer dieta o ir al gimnasio. La raíz es, por lo tanto, una supina ignorancia al creer que sus únicas causas son una alimentación hipercalórica y la ausencia de ejercicio físico.

A esta se suma, según los psicólogos expertos en trastornos de la conducta alimentaria, un miedo inconsciente que se enmascara con una supuesta preocupación por la salud de los demás: el miedo a engordar; por ello, prefieren creer que los que padecen sobrepeso están así porque quieren, no por causas incontrolables que también podrían afectarles a ellos. Por otro lado, hay personas con sobrepeso que sí desean estar así porque no aceptan los cánones de belleza impuestos por la sociedad actual; esta libre elección molesta especialmente a los que hacen grandes esfuerzos por ajustarse a los mismos, porque es un acto de rebeldía que ellos no tienen el valor de realizar.

Como expliqué en el reportaje Edadismo y menopausia, el ideal de belleza impuesto por la publicidad y los medios, como requisito determinante de la feminidad y su valía, se ajusta a un canon que se corresponde con un rango de edad (de los 17 a los 25 años), la etapa de mayor plenitud sexual y a un aspecto físico determinado: la delgadez. Por lo tanto, se considera sobrepeso la apariencia física que no es acorde con los patrones estéticos establecidos que suelen promover tallas inferiores al IMC realmente saludable.

Este machaque constante por parte de los medios, sumado a la gordofobia social, provoca que muchas personas con sobrepeso, especialmente las mujeres, tengan una imagen corporal distorsionada y negativa de sí mismas, que afecta a su autoestima y sentimiento de identidad, limitando sus vidas, especialmente las relaciones sociales y sexuales porque sienten vergüenza, timidez, incomodidad e incluso angustia por lo que los demás pensarán de ellas.

Los participantes en el estudio Determinación de pautas del compromiso sexual en obesos confesaron que su obesidad afectaba a sus relaciones sexuales porque, al tener miedo a ser rechazados y a no satisfacer las expectativas, disminuía su interés por mantenerlas y también la satisfacción obtenida, así como las preferencias y pautas de comportamiento sexual. También mostraron, frente a las respuestas de los participantes no obesos, una mayor dificultad para comunicar sus sentimientos y necesidades a su pareja/amante, vergüenza a mostrarse desnudos frente a ella y a tener sexo con la luz encendida, incapacidad para negarse a tener relaciones sexuales cuando no las desean, caer en prácticas sexuales más estereotipadas (incluyendo el rol sumiso) y sentir más culpa y menor satisfacción con la masturbación.

Las mujeres que participaron en el estudio Improvements in sexual quality of life after moderate weight loss también confesaron que su sobrepeso influía en su autoestima y en el disfrute de su vida sexual. En concreto, el 68% no se sentían atractivas sexualmente lo que afectaba a su predisposición para mantener relaciones sexuales, el 63% no quería que las vieran desnudas y el 21% afirmaba no disfrutar de las relaciones sexuales; tras dos años de dieta y pérdida de peso, los porcentajes se redujeron casi a la mitad.

Sumado a todo esto, están las consecuencias psicológicas derivadas de realizar dietas hipocalóricas estrictas (debilidad, cambios de humor, irritabilidad, nerviosismo, depresión) y del efecto yo – yo, que las hacen sentir culpables, avergonzadas, inadecuadas y criticadas por su fracaso, provocando que desarrollen nuevas patologías psiquiátricas, entre las que destacan la depresión, la ansiedad, la angustia y el trastorno alimentario compulsivo.

Si no estás conforme con tu peso y/o aspecto físico es realmente importante que no hagas dieta por tu cuenta, sino que acudas a un profesional para que determine si padeces sobrepeso o es solo una percepción distorsionada de tu imagen personal. En el caso de que no lo sea, el especialista determinará si ese exceso de grasa afecta a tu salud y te prescribirá un tratamiento adecuado atendiendo a sus causas.

Bibliografía: 

Efecto de la obesidad en la reproducción femenina

Jorgelina Barrios-De-Tomasi, Eliana Barrios-De-Tomasi y Jorge Vergara-Galicia

Impact of obesity on infertility in women

Zeynep Özcan Dağ y Berna Dilbaz

Improvements in sexual quality of life after moderate weight loss

R L Kolotkin, M Binks, R D Crosby, T Østbye, J E Mitchell y G Hartley

Determinación de pautas del compromiso sexual en obeso

M. Mancilla, G. Álvarez, M. Román, V. López y Ma. T. Ocampo

Aspectos psicológicos de la obesidad. Importancia de su identificación y abordaje dentro de un enfoque interdisciplinario

Eliana Silvestri y Alberto Eduardo Stavile

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