Celulitis sin culpa: biología, mitos y cuidados reales

Salud femenina | | Brenda B. Lennox

Con la llegada del buen tiempo ocurre algo casi ritual: guardamos los abrigos, reaparecen los vestidos, los pantalones cortos, las faldas… y la vergüenza por tener celulitis.

Esa textura irregular, con hoyuelos, que la sociedad en general y los hombres en particular juzgan, echándonos la culpa por no cuidarnos. La piel de naranja está presente entre el 80 % y el 98 % de las mujeres a partir de la pubertad, sin distinguir entre tallas, edades ni estilos de vida; mientras que solo aparece en un máximo del 10 % de los hombres. 

Cuidarnos no debería ser una imposición estética, sino una elección personal: entender cómo funciona la celulitis te permitirá decidir qué hacer con tu cuerpo sin culpa ni presión, desde la información y no desde el juicio. 

Por eso, en este artículo te explicaré por qué aparece, qué factores la empeoran y qué hábitos sí ayudan a mejorar su apariencia y prevenirla.

Por qué las mujeres tenemos más celulitis que los hombres

La celulitis es una alteración estética del tejido subcutáneo en glúteos, muslos, caderas o abdomen, que obedece a los siguientes factores:

Hormonas

Los estrógenos (hormona femenina principal) estimulan la lipogénesis (almacenamiento de grasa), dificultan la lipólisis (quema de grasa), ralentizan la microcirculación y favorecen la retención de líquidos, lo que a su vez incrementa la hinchazón y deteriora la microcirculación.

De ahí que la celulitis afecte menos a los hombres y en momentos de cambios hormonales marcados (como la pubertad, el embarazo, el premenstruo o la menopausia), aparezca o empeore.

Tejido conectivo

Las mujeres tenemos una disposición del tejido conectivo distinta a la de los hombres. Mientras que en estos, los tabiques fibrosos se disponen en diagonal o en forma de cruz, creando una especie de «malla» más resistente, en nosotras, los lóbulos de grasa subcutánea se organizan en cámaras verticales más grandes, provocando que las células grasas (adipocitos) sobresalgan hacia la dermis. 

Genética

Los genes determinan la estructura de la piel, la textura, la distribución del tejido conectivo y la tendencia a retener líquidos. Por eso, si tu madre o tus hermanas tienen celulitis, es muy probable que tú también la desarrolles.

Microcirculación

La microcirculación es el sistema de vasos sanguíneos y linfáticos más pequeños encargados de llevar oxígeno y nutrientes a la piel y de retirar líquidos y desechos. Cuando esta es lenta o ineficiente, se acumula líquido (edema), se depositan sustancias grasas (una especie de gelatina espesa y viscosa), el tejido se endurece (por lo que los hoyuelos se marcan más), las células grasas sobresalen y la piel pierde elasticidad.   

Otros factores de la celulitis

Estrés

Cuando estamos estresadas, nuestro cuerpo secreta cortisol, una hormona que favorece la retención de líquidos, estimula la acumulación de grasa (sobre todo en glúteos, muslos y abdomen) y aumenta la inflamación, dañando el colágeno (la proteína estructural que da firmeza y resistencia a la piel). Además, el estrés activa el sistema nervioso simpático, provocando vasoconstricción (los vasos pequeños se estrechan y llega menos sangre y oxígeno a los tejidos). 

Todo esto se traduce en más estasis linfática (el sistema linfático drena peor y se acumulan líquidos), así como hinchazón y rigidez del tejido.

Por otro lado, esta sobrecarga emocional suele alterar el sueño y empujarnos hacia hábitos que perjudican la microcirculación (más sedentarismo, peor alimentación, mayor consumo de alcohol y tabaquismo compulsivo), alimentando un círculo vicioso.

Fumar

El tabaco afecta gravemente a la microcirculación (estrecha los vasos sanguíneos y reduce el oxígeno disponible) y daña el colágeno y la elastina (proteínas que mantienen la piel firme y los septos fibrosos). Esto provoca que los tabiques que sujetan la grasa se debiliten y los adipocitos o células grasas sobresalgan, dando como resultado la clásica «piel de naranja».

A esto se suma que fumar reduce los niveles de vitamina A, un nutriente esencial para la renovación celular y la calidad del tejido cutáneo, por lo que la piel se vuelve más frágil y menos elástica, facilitando que los hoyuelos de la celulitis se marquen más.

Sedentarismo

El sedentarismo es uno de los factores principales de la celulitis. Cuando pasamos muchas horas sentadas o inactivas, la sangre y la linfa circulan con más dificultad, favoreciendo la rigidez de los tejidos y la peor calidad del colágeno.

Además, al igual que el tabaco, el sedentarismo suele ir acompañado de otros hábitos que influyen en la microcirculación, como dormir peor, picotear alimentos muy salados o azucarados o pasar más tiempo en posturas que comprimen los vasos pequeños.

Alimentación

Una dieta sostenida de comidas muy saladas, muy azucaradas o ricas en grasas de mala calidad (especialmente ultraprocesados, fritos, grasas trans y productos elaborados con harinas refinadas) puede empeorar la celulitis, porque agrava la retención de líquidos, aumenta la inflamación, estimula la lipogénesis y altera la microcirculación. 

Sobrepeso

La celulitis no es un problema de sobrepeso (de hecho, muchas mujeres delgadas la tienen), pero puede agravarla o hacerla más visible. Por un lado, el sobrepeso aumenta la presión sobre los vasos pequeños, dificultando el retorno venoso y linfático. Por otro, suele aumentar la retención de líquidos y la lipogénesis local (los adipocitos crecen y empujan hacia la dermis).

Todo esto acelera la estasis linfática (el drenaje se ralentiza y se acumulan líquidos), incrementa el edema, vuelve el tejido más rígido y daña al colágeno.

Celulitis versus lipedema

El lipedema es una afección crónica que afecta casi exclusivamente a mujeres. Se estima que alcanza al 10–20%, aunque probablemente sea más frecuente porque suele infradiagnosticarse como sobrepeso, obesidad o edema por retención de líquidos. Como vimos en este artículo, su aspecto inicial puede confundirse con la celulitis, sobre todo en el Estadio 1, cuando la piel muestra un patrón similar a la «piel de naranja» al pinzarla.

Sin embargo, a diferencia de la celulitis, en el lipedema la grasa se acumula de manera anormal y progresiva en caderas, glúteos y piernas (y en hasta un 30% de los casos, también en los brazos), y esta es dolorosa al tacto, blanda, simétrica y resistente a la dieta y al ejercicio. 

Al igual que la vulvodinia y la endometriosis, el lipedema suele diagnosticarse erróneamente (de hecho, la media de un diagnóstico correcto son nada más ni nada menos que 20 años). 20 años soportando consultas en las que se confunde con otros trastornos y se prescriben tratamientos ineficaces. Si notas acumulaciones desproporcionadas de grasa en piernas, muslos o caderas, junto con dolor, inflamación o pesadez, consulta a un médico y si no estás de acuerdo con su diagnóstico, insiste. Tu salud está en juego.

Consejos realistas para mejorar la apariencia de la celulitis

  • Actividad física: combate el sedentarismo y haz ejercicio moderado que active la circulación (caminar, nadar, subir escaleras) para prevenir la insuficiencia venosa y favorecer el retorno linfático. 
  • Ropa: evita la ropa muy ajustada y de tejidos artificiales, dificultan la microcirculación. Evita también los zapatos de tacón alto, como vimos en este artículo, causan problemas circulatorios, daños en los pies y alteraciones posturales y musculares que pueden convertirse en crónicas.
  • Alimentación: reduce el consumo de alcohol y de alimentos desaconsejados, y aumenta el de frutas (sandía, piña), verduras, alimentos ricos en potasio (plátano, aguacate, espinacas), tés depurativos (verde, rojo) y diuréticos naturales (piña, apio, limón, perejil).
  • Dietas yo-yo: no hagas dietas yo-yo; los cambios de peso rápidos influyen en la elasticidad de la piel y la calidad del tejido conectivo, acentuando la celulitis.
  • Hidratación: en contra de lo que defienden algunas «leyendas urbanas», no se retienen más líquidos por beber más agua, sino al contrario, ya que, cuando estamos deshidratados, el cuerpo tiende a compensar. Por otro lado, una correcta hidratación permite un buen funcionamiento del riñón y la eliminación de toxinas. Así que mantente hidratada con agua, zumos y jugos naturales (sin azúcar) y caldos caseros.
  • Tabaco: deja de fumar; es uno de los hábitos que más aceleran la celulitis, incluso en mujeres delgadas. Si te cuesta mucho, reduce al menos la cantidad de cigarrillos diarios; después de fumar uno solo, se reduce el flujo de sangre a la piel en un 28–38 %. Dale un respiro.
  • Estrés: para evitar que el estrés y la ansiedad se instalen en tu vida, es fundamental reconocer qué situaciones te alteran y poner límites a aquello que agota tus recursos. También ayuda rodearte de personas que aporten calma, incorporar prácticas que regulen el sistema nervioso (como la respiración consciente, el movimiento suave o la meditación), mantener una actividad física moderada y reservar espacios para actividades que te conecten con el placer y la creatividad. Y si notas que el agotamiento emocional te supera, busca apoyo profesional; es una forma de cuidado temprano que previene que estos síntomas se cronifiquen.
  • Masaje y drenaje linfático: los masajes y drenajes linfáticos profesionales son tratamientos muy efectivos para mejorar la textura de la piel, reducir la hinchazón. Si no puedes permitírtelo, cepíllate en seco con un cepillo de cerdas naturales (siempre hacia el corazón), para estimular la circulación y la exfoliación. También puedes darte automasajes con las manos (o rodillos específicos para la celulitis), tras aplicarte productos anticelulíticos específicos: si lo haces de la manera correcta y eres constante, la apariencia de tu piel mejorará mucho.
  • Tratamientos estéticos no invasivos: puedes complementar los hábitos anteriores con tratamientos como presoterapia, radiofrecuencia, ultrasonidos, mesoterapia, etc., específicos para tratar la piel de naranja y sus causas.

En resumen, la celulitis es un proceso fisiológico femenino que obedece a muchos factores, no un estigma que tengamos que esconder ni del que tengamos que avergonzarnos. Si decidimos abordarla, que sea desde el respeto a nosotras mismas y a lo que realmente somos.

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