Día Mundial de la menopausia: educar, normalizar, desestigmatizar

Menopausia | | Brenda B. Lennox

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en 2045 habrá más de mil millones de mujeres mayores de cincuenta años, es decir, más del triple que en 1990.

Conscientes de que la esperanza de vida también ha aumentado, de que esta es la edad media en la que aparece la menopausia y de la necesidad de abordar los cambios que provoca, este organismo y la Sociedad Internacional de la Menopausia (SIM) decidieron, en el año 2000, declarar el 18 de octubre Día Mundial de la Menopausia (o Día Internacional de la Menopausia) para visibilizarla, normalizarla y desestigmatizarla. 

El objetivo principal del Día Mundial de la Menopausia es concienciar sobre esta etapa de la vida de las mujeres y la importancia de educar a estas y al resto de la sociedad para que conozcan los síntomas que anuncian su llegada, los cambios que se producen en el organismo, las afecciones más habituales, los tratamientos existentes y el estilo de vida que se debe adoptar para prevenir y minimizar sus efectos negativos. 

Por ello, ambos organismos insisten en la necesidad de que los países activen programas de educación a través de sus sistemas nacionales de salud y de que los ciudadanos no solo participen en ellos, sino que también organicen eventos informativos o actividades relacionadas con ella y compartan información a través de las redes sociales con la etiqueta #DíaMundialdelaMenopausia. 

Importancia de la normalización y la prevención

La menopausia es la época de la vida de la mujer en la que termina su menstruación, debido a que los ovarios dejan de producir estrógenos y progesterona.

Antes del cese definitivo, pueden transcurrir hasta 7 años en los que se manifiestan determinados síntomas, siendo los más habituales un cambio en las menstruaciones, sofocos y sudoración excesiva, sequedad vaginal, disminución del cabello y aumento del vello facial, dificultad para dormir, cambios de humor y menor concentración. 

Aproximadamente, la mitad de las mujeres suele experimentar algunos de esos síntomas que pueden afectar a su calidad de vida.

Por ello, distintos expertos, entre los que se encuentran miembros de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), señalan la conveniencia de que acudan a su ginecólogo antes de que aparezcan los primeros síntomas, para recibir información sobre la prevención de trastornos relacionados con la disminución de los estrógenos, como la obesidad, la osteoporosis, la debilidad del suelo pélvico o la vaginitis, así como sobre los tratamientos disponibles entre los que se incluyen ejercitadores del suelo pélvico específicos basados en la biorretroalimentación, terapia con estrógenos y medicación.

Sin embargo, las estadísticas revelan que más del 50% de las mujeres con una edad cercana a la menopausia no acude al especialista cuando aparecen los primeros desarreglos de la menstruación, sino posteriormente, cuando se manifiestan los trastornos. 

Un alto porcentaje de mujeres encuestadas confiesa que tienen miedo de ir a su ginecólogo y explicarle los síntomas que padecen por miedo a que este les prescriba un tratamiento hormonal pues conlleva riesgos como enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, coágulos sanguíneos y cáncer de mama.

La menopausia no es una enfermedad 

Muchos pensadores, antropólogos y médicos han cuestionado el modelo biomédico occidental que, a partir de los años 60 del siglo XX, consideró la menopausia como una enfermedad hormonodeficiente, evitable y curable mediante el consumo de estrógenos artificiales.

Este modelo ha reforzado el estereotipo que señala como característica principal de esta etapa de la vida (si no la única) el sufrir cambios hormonales que acarrean problemas fisiológicos y psicológicos. Esta idea perniciosa acaba limitando la vida y la libertad de las mujeres pues muestra la menopausia como algo negativo, temible e irremediable, obviando los beneficios que conlleva. 

Entre los estudiosos que cuestionan ese modelo se encuentra Anna Freixas, Catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación, Doctora Honoris Causa por la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla, investigadora y escritora, cuyas líneas de investigación han versado sobre el envejecimiento de las mujeres, coeducación y feminismo y la evolución de la investigación y docencia en Psicología desde una perspectiva de género. 

En su libro Nuestra menopausia. Una versión no oficial, Freixas rompe con los estereotipos y prejuicios que rodean a la menopausia, reivindica las ventajas que esta supone para las mujeres y reflexiona sobre la necesidad de adoptar posturas alternativas a la medicalización de la menopausia; es decir: menos tratamientos hormonales y más cambios en el estilo de vida.

Los trastornos menopáusicos no afectan a todas las mujeres

Lo cierto es que multitud de estudios señalan que solo la mitad de las mujeres españolas padece alguno de los síntomas o trastornos citados, que no todas los experimentan del mismo modo y, lo más interesante, que la intensidad y frecuencia de su aparición varían en el resto del mundo. Por ejemplo, los sofocos y los sudores nocturnos afectan a la mayoría de europeas y americanas, pero apenas tiene incidencia en las asiáticas; y las africanas tienen la menopausia antes que las europeas y las americanas, pero la incidencia de osteoporosis es mínima.

Estas diferencias obedecen a condicionantes geográficos, étnicos, fisiológicos, conductuales, sociales y culturales.

En relación con este último, Freixas señala que en entornos culturales en los que se venera a las personas mayores y las ancianas gozan de mayor estatus, las mujeres apenas sienten molestias; «La desesperanza que sentimos no se cura a través de los psicofármacos porque no estamos enfermas, sino heridas por la estigmatización social del envejecer». Demoledor

Rompe el estigma

La menopausia siempre se ha asociado a la decrepitud, a una condena, al comienzo del fin. Como expliqué en el reportaje sobre los cambios que afectan a la sexualidad en esta etapa, durante siglos, la sociedad ha machacado a las mujeres con la idea de que su mayor valor es poder ser madre, por lo que cuando deja de menstruar (o es estéril) no vale nada; y debe asumirlo, estarse calladita en un rincón y dejarse morir.

Así lo señaló la psicoanalista austríaca y estadounidense, Helene Deustch, primera investigadora especializada en la psicología de la mujer y en el estudio de la sexualidad femenina, incluyendo la menopausia, quien la describió como una pérdida simbólica ligada a la interrupción de la función reproductiva. «Las mujeres que se muestran felices en la menopausia son anormales, no femeninas y vergonzantes», sentenciaba. 

Lo triste es que no parece que haya habido un cambio significativo tras 75 años. No es de extrañar que el segundo motivo por el que las mujeres no acuden al ginecólogo cuando comienzan a experimentar los síntomas de la menopausia sea la vergüenza.

María Jesús Balbás, profesora en la Facultad de Medicina de la UPV, médica homeópata, ginecóloga, formadora en medicina holística y de género, y autora de varios libros entre los que se encuentra Bueno chicas, esto se acabó. Una guía para desdramatizar la menopausia, señaló en esta entrevista interactiva para BBC News que este silencio es una consecuencia del mensaje social relacionado con la sexualidad femenina y todo lo que esta representa: «Que no se te note. Que no se te note que has tenido la regla, que estás embarazada, que has parido, que estás dando teta, que ya no tienes la regla…

Es constante: que no se te note». Un mandato sutil que cobra más fuerza en el caso de la menopausia, porque tener la regla es síntoma de que una mujer puede ser madre ergo que es valiosa; la menstruación, no.

Balbás reivindica la ruptura de estos estereotipos degradantes y perniciosos que asocian a la mujer menopáusica con «la mujer vieja, gorda e histérica» y sustituirlos por otros que muestren lo que en verdad es: una mujer ante la que se abre una etapa llena de posibilidades y satisfacciones; porque si la vivimos «como un momento de decadencia y antesala de la vejez, entonces lo que tenemos que hacer es luchar en contra de eso, y eso supone caer en sus manos, en manos de los parches, las hormonas, etc., para luchar en contra de algo que es biológico y que puede traer grandes satisfacciones. 

Así como la adolescencia tiene su sentido, esto tiene otro sentido que es obtener otros tipos de independencia, de identidad. La mujer aquí tiene que reconocer una nueva identidad. A partir de ahora, ella va a dejar de gestar y nutrir a los demás, para empezar a gestarse y nutrirse a sí misma (…).

Lo primero que tenemos que conseguir es que nuestra valoración no venga nunca desde fuera, sino desde nosotras mismas. Y “desmedicalizar” la menopausia, quitarla del contexto médico y tomarla en nuestras manos, ya que somos nosotras las que vamos a poder poner en marcha los recursos para afrontarla».

Toma las riendas de tu vida

Balbás incide en la necesidad de acudir a nuestro ginecólogo para que nos informe sobre lo que tenemos que hacer para prevenir las enfermedades y matiza que muchas veces no es necesario realizar ningún tratamiento médico. 

Según esta profesional, las claves para abordar positivamente los cambios que trae consigo el climaterio y llegar a la postmenopausia con una salud plena son una alimentación adecuada, el ejercicio físico (en el que resalta caminar una hora y media todos los días), el silencio y la ruptura con las cargas emocionales del pasado. 

En lo relativo al silencio, Balbás señala que tenemos que «volver la mirada dentro de nosotras mismas. Cosa que las mujeres no hacemos porque desde chiquitas nos han enseñado a cubrir las necesidades de los demás, siempre hay alguien o algo mucho más importante. Por eso planteo la necesidad de hacer esta introspección.

Aconsejo realizar yoga, meditación zen o tai chi. Cualquiera de estas técnicas nos van a ayudar a parar y a hacer un silencio».

En cuanto a la ruptura con las cargas emocionales del pasado, esta profesional afirma que «hay que darse cuenta que no merece la pena seguir cumpliendo años arrastrando las mochilas del pasado. Sobre todo porque estas mochilas llevan mucha energía, y la energía la necesitamos para nosotras nada más.

Es el momento de cerrar capítulos. Así vamos a trabajar la serenidad y en paralelo, el desarrollo de la atención, el cultivo del silencio, la ausencia de expectativas. Toda la naturaleza está colaborando o conspirando para que hagamos este trabajo. Así que es realmente fácil».

Sí, es realmente fácil si rompes los estereotipos que rodean a la menopausia, te informas sobre cómo prevenir y tratar sus posibles trastornos, y tomas las riendas de esta nueva etapa para vivirla con plenitud.

Como dijo la gran poeta y novelista nicaragüense, Gioconda Belli: «Tirá los tampones, las toallas sanitarias. Hacé una hoguera con ellas en el patio de tu casa. Desnúdate. Bailá la danza ritual de la madurez. Y sobreviví como sobreviviremos todas».

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