Etapas del ciclo menstrual en la vida de la mujer

Menstruación | | Brenda B. Lennox

El ciclo menstrual o ciclo sexual femenino es un proceso biológico que prepara mensualmente el sistema reproductor femenino (especialmente el útero y los ovarios) para un posible embarazo y para eliminar el endometrio si no se ha producido la fecundación. Aunque es único para cada mujer (regular o irregular, largo o corto, doloroso o indoloro, intenso en flujo o ligero…) se considera normal y saludable cuando se encuentra dentro de los siguientes parámetros:

  • Duración total: de 24 a 36 días entre una y otra menstruación.
  • Menstruación: de cuatro a ocho días.
  • Cantidad de flujo: unos 80ml por periodo.

Cualquier variación significativa de los mismos (por ejemplo, empapar una compresa con flujo menstrual cada dos horas, sangrar entre periodos o durante más de ocho días, amenorrea o ausencia de regla por motivos que no son un embarazo, etc.) puede indicar que estás sufriendo algún trastorno de salud más o menos grave, por lo que es muy importante que acudas a tu médico para que diagnostique la causa y te prescriba el tratamiento adecuado.

Así mismo, los especialistas consideran que hay tres etapas en la vida de toda mujer que determinan las características de su ciclo menstrual: la primera comienza con la menarquia y dura hasta los 18 o 19 años; la segunda comprende el periodo entre los 20 y los 40; y la última, el que va desde los 40 a la llegada de la menopausia. 

Como veremos en este reportaje, la variabilidad de la duración del ciclo menstrual es mayor en la primera y última etapa, mientras que en la intermedia es estable y duradero, aunque factores como la alimentación, el estrés, la lactancia o determinadas afecciones pueden desequilibrarlo.

Primera etapa: pubertad

La menarquia es el término médico que designa el momento en el que aparece la primera menstruación, debido a que se activan los ovarios y la producción y liberación de estrógenos y progesterona. En esta etapa de transición a la adultez, también se producen cambios en los caracteres sexuales secundarios como el desarrollo de los senos, la aparición de vello (especialmente en el pubis y en las axilas), expansión de la pelvis y ensanchamiento de las caderas, así como el aumento de la masa corporal y la estructura ósea (el famoso «estirón»).

Su aparición está influida por factores socioeconómicos, ambientales, hereditarios, nutricionales y vitales, por lo que si bien sucede entre los 10 y los 14 años, algunas niñas pueden tenerla a los 8 o 9 años. De hecho, se ha observado que en las últimas décadas la edad media ha retrocedido de los 16/17 años a los 12.

La característica principal del ciclo menstrual y la regla en la pubertad es su irregularidad, especialmente en los dos o tres primeros años, en los que se presentarán oscilaciones en la duración del ciclo y de la menstruación (con periodos de amenorrea o ausencia de regla) y en la intensidad del flujo, debido a que los ovarios no han terminado de madurar. 

Aunque la edad de la primera regla depende de distintos factores, si la niña no la ha tenido antes de los 16 debe ir al médico porque puede estar padeciendo problemas hormonales, de los órganos reproductivos, enfermedades (infecciosas, renales, respiratorias, oncológicas, gastrointestinales, hematológicas…), trastornos alimenticios o estar sufriendo las consecuencias negativas de determinados hábitos como fumar o realizar ejercicio excesivo.

Segunda etapa: madurez

En la segunda etapa, el ciclo menstrual se regulariza, manteniendo las características propias de cada mujer. Es decir, puede que tú tengas un ciclo menstrual de 28 días, la menstruación dure cinco y tu flujo sea muy abundante, y otra mujer tenga uno de 30 días, menstrúe durante cuatro y su flujo sea ligero o fluctúe dependiendo del día.

Por ello, es necesario que te familiarices con las peculiaridades del tuyo para que detectes cualquier cambio significativo que pueda indicar alguna patología. 

Los factores que influyen en la regularidad del ciclo en esta etapa son variados: métodos anticonceptivos, padecer alguna enfermedad, alteraciones hormonales, efectos de determinados medicamentos… aunque los más comunes son el tabaquismo, trastornos alimenticios, estrés y el embarazo, parto y lactancia.

Tabaquismo

Como desarrollé en el reportaje Efectos del tabaco en la sexualidad femenina y en el suelo pélvico, algunas sustancias tóxicas del tabaco disminuyen el nivel de estrógenos, provocando trastornos menstruales como el retraso de la menarquia, amenorrea, reglas irregulares, dismenorrea o dolor menstrual intenso y adelantando la llegada de la menopausia entre uno y cuatro años. 

Obesidad 

El sobrepeso y la obesidad  incrementan el nivel de estrógenos, lo que puede causar reglas irregulares, anovulación (ausencia de ovulación o no producción de óvulos, que provoca esterilidad), el síndrome del ovario poliquístico (SOP) y cáncer de útero, de ovario o de mama. 

Anorexia y bulimia

Las mujeres con anorexia nerviosa y/o bulimia sufren amenorrea con frecuencia, porque la ausencia de nutrientes y el peso corporal muy bajo impiden soportar un embarazo y alimentar al bebé, por lo que el organismo limita la capacidad reproductiva.

Estrés

Un ciclo menstrual normal se produce cuando el hipotálamo libera de modo intermitente la hormona GnRH, encargada de liberar gonadotrofinas y estimular la secreción de otras (FSH o folículoestimulante y LH o luteinizante) responsables de la ovulación, ya que gracias a ellas se desarrollan los folículos en el ovario y se producen los estrógenos y la progesterona.

Cuando sufrimos un nivel de estrés alto, el cerebro libera la hormona GnRH de manera continua, provocando que se inhiba la de las FSH y LH, alterando el ciclo menstrual y provocando desarreglos menstruales y amenorrea.

Parto y lactancia

Con independencia de la edad, el embarazo, el parto y la lactancia revolucionan las hormonas femeninas.

Tras nueve meses sin menstruar, el cuerpo comienza su recuperación y suelen presentarse los loquios, secreciones vaginales que contienen sangre, moco y tejido placentario (restos de la gestación que han quedado en el útero), que se liberan durante un periodo que oscila entre cuatro y seis semanas tras el parto.

Pasado este periodo, la regulación del ciclo menstrual dependerá de si se está dando o no el pecho. Si estás lactando, las hormonas que controlan la producción de la leche (especialmente la prolactina) inhiben la producción de estrógenos y progesterona para evitar un nuevo embarazo, por lo que es muy probable que no tengas la regla.

Cuando se empieza a retirar la lactancia o cuando se retira completamente, el ciclo menstrual comienza a estabilizarse y vuelve a su normalidad unos tres meses después.

No obstante, es posible que se observen cambios con respecto a los años anteriores, especialmente en su regularidad (mujeres que presentaban ciclos irregulares comienzan a tenerlos regulares), cantidad del flujo menstrual (se incrementa debido a que aumenta el tamaño del útero) y dolor menstrual (las reglas son menos dolorosas porque al haber aumentado la abertura del cuello uterino, se requieren menos contracciones para expulsar el flujo).

Dos afecciones menos comunes entre los 35 y los 40

<br

Insuficiencia ovárica primaria o prematura 

La insuficiencia ovárica primaria o prematura es la pérdida de la función hormonal ovárica en una mujer menor de 40 años (generalmente entre 35 y 40 años) debido a que los ovarios dejan de producir estrógenos y de liberar óvulos. Se calcula que esta disfunción afecta al 4% de las mujeres fértiles, aunque aproximadamente la mitad de ellas recupera, de forma impredecible, parte de la función del ovario.

A veces se confunde esta afección con la menopausia precoz o prematura, pero no son lo mismo: las mujeres con insuficiencia ovárica primaria o prematura pueden tener períodos irregulares u ocasionales durante años e incluso quedarse embarazadas; las mujeres con menopausia precoz o prematura, sin embargo, dejan de tener períodos de manera definitiva y, por lo tanto, no pueden quedar embarazadas; a lo que se suman síntomas y trastornos propios de la menopausia como veremos en el siguiente epígrafe.

Los síntomas de la insuficiencia ovárica primaria son similares a los de la menopausia (de ahí la confusión) o la deficiencia de estrógeno como, por ejemplo, períodos menstruales irregulares o salteados, dificultad para quedarse embarazada, sofocos y sudores nocturnos, sequedad vaginal, descenso de la libido, irritabilidad o dificultad para concentrarse.

Aunque en el 90% de los casos se desconoce la causa exacta de por qué los folículos dejan de funcionar o funcionan de manera anormal, los científicos señalan las enfermedades autoinmunes (incluyendo la enfermedad de Addison y la tiroiditis), la quimioterapia o radioterapia, trastornos metabólicos, exposición a sustancias tóxicas como productos químicos y pesticidas, el tabaquismo y enfermedades genéticas como el síndrome de Turner y el síndrome X frágil.

Menopausia precoz o prematura

La menopausia precoz o prematura es la desaparición de la menstruación y de la función ovárica en mujeres menores de 40 años debido a una disminución significativa del nivel de estrógenos. Esta afección, que afecta al 6% de las mujeres, no solo implica el cese definitivo de la fertilidad, también el padecimiento de síntomas menopáusicos y el aumento de la posibilidad de sufrir problemas cardíacos, accidentes cerebrovasculares y osteoporosis.

Los primeros síntomas suelen ser reglas irregulares (con cambios en los patrones de sangrado), ciclos más largos y periodos de amenorrea, a los que se van sumando los propios de la menopausia como sofocos, cefaleas, sequedad vaginal, incontinencia urinaria, dolor en las relaciones sexuales, descenso de la libido, cambios en el peso, sequedad (piel, ojos, boca), pérdida de cabello, etc.

Además aumentan las posibilidades de sufrir cambios de humor, irritabilidad, depresión y baja autoestima por la carga emocional de tener la menopausia antes de lo normal. 

En cuanto a las causas que provocan la menopausia precoz o prematura, los especialistas señalan la histerectomía (extirpación de los órganos genitales femeninos: ovarios, trompas de Falopio y útero), tratamiento con radioterapia o quimioterapia, consumo de determinados fármacos, enfermedades autoinmunes, genética, infecciones virales, obesidad y hábitos como el tabaquismo y el sedentarismo o falta de ejercicio.

Tercera etapa: de los 40 a la menopausia

A partir de los 40, los ovarios comienzan a producir menos estrógeno, por lo que los ciclos menstruales suelen ser más cortos, menos frecuentes y el flujo menstrual más ligero hasta el cese absoluto de la regla durante doce meses consecutivos. No obstante, antes de que esto ocurra, pueden producirse desarreglos por factores como los que analicé en los epígrafes anteriores. 

Perimenopausia

El tiempo previo a la menopausia, denominado perimenopausia, se caracteriza por desarreglos menstruales y baches amenorreicos (ausencia de regla en periodos inferiores a seis meses) que suelen durar unos cuatro años, si bien, dependiendo de la mujer, pueden ser desde pocos meses hasta diez años:

  • Ciclos menstruales frecuentes alternados con amenorrea.
  • Ciclos menstruales más largos o breves de lo habitual.
  • Flujo menstrual muy abundante o muy ligero en relación con el flujo habitual.
  • Disminución de la frecuencia de los periodos menstruales hasta su cese total.

A estos cambios pueden sumarse otros síntomas que ya hemos analizado en otros reportajes como dolor en los senos, incontinencia urinaria, aumento de peso, sofocos, fatiga, insomnio, descenso de la libido, cambios de humor, irritabilidad, depresión, etc.

Menopausia

La menopausia es el momento en el que cesa definitivamente el ciclo menstrual (se entiende que el cese es definitivo cuando la mujer lleva 12 meses sin regla) debido a que los ovarios dejan de liberar óvulos y de producir estrógeno y progesterona. Generalmente las mujeres la experimentan alrededor de los 50 años, aunque el rango de edad oscila entre los 45 y los 55.

Cualquier sangrado que suceda a partir de la menopausia (concretamente, a partir del año posterior a la última menstruación) es anormal y puede tener su origen en distintas afecciones o trastornos como atrofia del endometrio (reducción excesiva del mismo), hiperplasia endometrial (aumento del grosor del revestimiento del útero), pólipos (tumores benignos), infecciones o cáncer de endometrio, ovario o cuello uterino.

Como hemos visto, aunque el ciclo menstrual presenta una serie de características generales en cada etapa de la vida, el de cada mujer es único y puede cambiar por motivos dispares que a su vez pueden reflejar trastornos o afecciones más o menos graves. Por ello es de vital importancia que te familiarices con tu ciclo menstrual; así podrás detectar cualquier variación significativa y acudir al médico especialista para que te haga un diagnóstico personalizado y prescriba un tratamiento efectivo.

Leave a Reply

Your email address will not be published.