Deseo sexual femenino y ciclo menstrual

No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor – Winston Churchill

A pesar de ser un proceso milagroso de la Naturaleza que prepara a las mujeres para ser madres, el ciclo menstrual ha sufrido tal oscurantismo durante siglos que, en pleno cuarto de este, si preguntáramos cómo resumirlo en pocas palabras, muchos responderían, parafraseando el discurso de Churchill, «sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor» y, a lo mejor, influenciados por los anuncios de nubes de colores y cuerdas de funambulista, añadirían su frase final «Venid, pues, y vayamos juntos adelante con nuestras fuerzas unidas».

Pero no todo está perdido; por fortuna, cada vez más mujeres nos rebelamos contra las etiquetas reconociendo que, además de sangrar, sufrir dolor y soportar un carrusel de emociones contradictorias (trinomio que, por cierto, no siempre se da), sentimos en algunos momentos tal deseo sexual que nos apetece follar y/o masturbarnos como si no hubiera un mañana.

¿Y esto por qué ocurre? Partiendo de la base que cada mujer es un mundo y su ciclo menstrual, otro, en este artículo te explicaré los principales motivos que influyen en la generalidad de las que los tienen regulares.

Hormonas y deseo sexual femenino

Las hormonas son sustancias segregadas por células especializadas que circulan por la sangre hacia los órganos y tejidos, actuando como «mensajeros químicos» del cuerpo en los procesos relacionados con el metabolismo, el crecimiento y desarrollo y la reproducción.

Las hormonas sexuales femeninas, en concreto, preparan nuestro aparato reproductor para la recepción del esperma y la implantación del óvulo fecundado, y afectan a nuestro estado de ánimo, al deseo y a la respuesta sexual, en especial los estrógenos y la progesterona; aunque algunos estudios señalan también a hormonas andrógenas como la testosterona.

Los estrógenos

Los estrógenos son producidos principalmente por los ovarios y por la placenta durante el embarazo. Las más relevantes son la estrona y el estradiol, correspondiendo a la primera la función de preparar la ovulación y a la segunda, regular el ciclo menstrual.

Los estrógenos también influyen en nuestra libido, así como en nuestro comportamiento emocional, al estar vinculados con los neurotransmisores «de la felicidad» que luego veremos, siendo mayor el deseo sexual, el optimismo, las sensaciones de bienestar y plenitud cuanto mayor es su presencia en el organismo.

La progesterona

Esta hormona sexual que, al igual que los estrógenos, es producida principalmente por los ovarios (y la placenta durante el embarazo), está íntimamente involucrada en el embarazo, la embriogénesis y, claro está, en el ciclo menstrual.

La actividad de la progesterona se incrementa en la segunda semana de este (fase preovulatoria), para preparar al cuerpo ante un hipotético embarazo, contribuyendo a la creación y engrosamiento del endometrio, es decir, la mucosa que recubre el interior del útero para alojar al óvulo fecundado y que será expulsada a través de la menstruación en el caso de que no se haya producido un embarazo.

Además, la progesterona aumenta el tamaño de los pechos en los días previos a la regla, afecta al estado anímico produciendo cierto efecto depresivo en el Síndrome Premenstrual y reduce los niveles de la libido a sus mínimos.

Los andrógenos

Los andrógenos son un grupo de hormonas sexuales (testosterona, androsterona y androstenediona) marcadamente masculinas, que también influyen en el desarrollo reproductivo de las mujeres.

Circunscribiéndonos a este, la testosterona, producida principalmente por los ovarios, influye tanto en el ciclo como en la libido, si bien no hay un consenso científico en cuanto a si esa influencia en el deseo sexual femenino es alta o meramente anecdótica.

Generalmente, los mayores niveles se producen alrededor de la mitad del ciclo menstrual, justo antes de la ovulación, el momento en el que el pico de deseo sexual alcanza sus máximos, por lo que los partidarios de la primera teoría señalan a este andrógeno como uno de sus causantes.

Neurotransmisores y deseo sexual femenino

Los neurotransmisores son biomoléculas cuya función principal es transmitir información desde una neurona a otra, a una célula muscular o a una glándula, mediante la sinapsis (espacio que las separa), por lo que es una sustancia química clave a la hora de trasferir estímulos nerviosos.

Al igual que las hormonas, con algunas de las cuales están íntimamente relacionados, los neurotransmisores juegan un papel importante en el deseo femenino, especialmente las endorfinas, la serotonina, la oxitocina y la dopamina.

Las endorfinas

Las endorfinas participan en muchos procesos, entre los que se encuentran la inhibición del dolor físico y emocional (actuando como una especie de analgésico), el fortalecimiento del sistema inmunológico y la mejora de la atención y la memoria, aunque son más conocidas por su poder para provocar, a nivel físico y mental, sensaciones de placer, bienestar, calma y felicidad.

También son conocidas como opiáceos endógenos porque cuando son liberadas en el organismo, este lo percibe como una especie de recompensa, impulsándonos a repetir el comportamiento que generó su liberación, algo parecido a lo que ocurre cuando se consumen algunas drogas como la heroína o la morfina.

Obviamente, su descenso y/o ausencia provoca el efecto contrario: infelicidad, ansiedad, dificultad para encajar traumas… que pueden llegar a facilitar el consumo y adicción de sustancias que simulen su efecto.

En cuanto a su relación con el ciclo menstrual y la sexualidad, diversas investigaciones apuntan a que las endorfinas incrementan la libido, potencian las relaciones sexuales y facilitan la creación de vínculos románticos entre los amantes, especialmente en los días previos a la ovulación.

La serotonina

Al igual que las endorfinas, este neurotransmisor contribuye a regular distintas funciones entre las que se encuentran el estado anímico, la libido y el deseo sexual.

Su influencia en el primero es tan grande que cuando sus niveles son altos produce estados de felicidad y euforia similares a los subidones que provocan las drogas como el éxtasis o el LSD y cuando son bajos, puede provocar depresión, ansiedad y trastornos como el obsesivo-compulsivo.

Estos niveles varían de manera natural durante el ciclo, descendiendo significativamente en la fase premenstrual, pudiendo causar episodios de ansiedad, tristeza, irritabilidad, insomnio y depresión, típicos del síndrome premenstrual (SPM).

La oxitocina

Esta molécula actúa como hormona y como neurotransmisor. Como molécula, tiene una gran importancia en el proceso reproductivo, concretamente en el parto y la lactancia; y como neurotransmisor, está íntimamente relacionada con emociones como el altruismo, la generosidad, la compasión, la empatía y la confianza.

Y no solo con estas, a la oxitocina se la denomina coloquialmente «la hormona del amor» por su papel en el reforzamiento de las relaciones afectivas y el establecimiento de vínculos amorosos, especialmente en la etapa del enamoramiento.

Cuando nos enamoramos, el cerebro segrega grandes cantidades de oxitocina, provocando que sintamos tal placer al estar con la otra persona que puede llegar a convertirse en algo tan adictivo como el alcohol.

Y si hablamos de placer, esta molécula se lleva la medalla de oro, puesto que el organismo la libera en grandes cantidades durante el sexo y, sobre todo, durante el orgasmo; aunque no hace falta que disfrutes de uno durante el ciclo menstrual para que haga su aparición, ya lo hace ella solita de la mano de los estrógenos y el resto de los neurotransmisores de la felicidad, especialmente en la fase preovulatoria.

La dopamina

La dopamina, que también actúa como hormona y neurotransmisor, interviene en funciones como el movimiento, el aprendizaje, la producción de leche, la memoria, el sueño o la atención, aunque se la conoce sobre todo porque proporciona placer y relajación.

A esto se suma que, al estar relacionada con el sistema de recompensa del cerebro, el organismo nos impulsa a repetir aquellas conductas que nos han provocado su liberación, entre las que, claro está, se encuentra el sexo; pero, al igual que la oxitocina, no hace falta que tengas un orgasmo durante el ciclo menstrual para que aparezca, sus niveles aumentan notablemente en la fase… exacto, preovulatoria.

Hormonas, neurotransmisores y ciclo menstrual

Como ya os explicamos en este reportaje sobre las distintas fases del ciclo menstrual, durante este, los niveles hormonales varían, afectando directamente a nuestro estado de ánimo y a nuestra libido. ¿Y en qué momento el deseo sexual es más fuerte? Aunque cada una mujer es un mundo y su menstruación otro, diversos estudios han determinado que el deseo sexual comienza a manifestarse en el momento de la menstruación y va aumentando hasta alcanzar su pico más alto aproximadamente a los 14 o 15 días, justo antes de la ovulación.

¿Por qué? Porque durante el ciclo, los niveles de estrógenos y de progesterona varían y, como hemos visto, los estrógenos aumentan el deseo sexual y elevan el estado anímico (debido a su interactuación con los neurotransmisores de la felicidad), mientras que la progesterona los reduce.

«¿Qué quieres decir con esto, Brenda? ¿Qué mi deseo depende única y exclusivamente de sustancias químicas? ¿Qué estoy cachonda perdida unos días sí y otros no por el capricho de unos dioses diminutos?». Para nada; no solo, como ya he dicho, cada mujer es un mundo y su ciclo, otro; también hay otros factores que influyen en la libido durante este.

Deseo sexual durante la menstruación

Muchas mujeres se sienten especialmente libidinosas en la primera fase de su ciclo menstrual por diversos motivos. Uno de ellos es el aumento de la lubricación y de la sensibilidad, que incrementan el placer de todos los juegos sexuales; a lo que se suma el poder analgésico del orgasmo, que reduce los dolores menstruales.

Otro, tremendamente poderoso, es quebrantar el tabú de follar con la regla. Porque sí, tener sexo con la regla sigue siendo un tabú, un estigma social, no solo por la sangre de la menstruación, sino por la transgresión de la idea, grabada a fuego en nuestro inconsciente durante siglos, de que el sexo debe tener una función meramente procreativa; y aunque haya una remota posibilidad de quedarse embarazada durante el periodo , quebrantar esa «norma no escrita» es muy morboso.

¿Por qué no hacerlo?¿Por qué no disfrutar del sexo con la regla?¿Por qué no abandonarse al placer en cualquier momento del ciclo, que no deja de abarcar todos los días de las mujeres que aun menstrúan?

¿Por qué no cuando ya no lo tienes? Sola, en compañía, sin remordimientos, sin limitaciones, porque tu sexualidad es parte de tu esencia y nadie, NADIE, ni siquiera tú misma, debería coartarla.

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